| 01 de Octubre del 2006, a las 20:59 h. |
Hitler fue un «profeta»
Miércoles 02 de Febrero de 2005
Escatología
España
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Madrid, España, (La Razón Digital / NoticiaCristiana.com) Artículo de opinión de David Amado en la edición de hoy de La Razón Digital de España.
Las celebraciones con motivo del sesenta aniversario de la liberación de Auschwitz han vuelto a traer a la palestra a Adolfo Hitler, aunque su sombra nunca dejó de revolotear por Europa. Los rostros de los antiguos prisioneros de los campos de concentración nos devolvieron a la memoria de los antiguos terrores. No sólo de los que se realizaron en los terribles campos de exterminio, sino también todos los otros que, en palabras de Joseph Roth, hicieron de la Alemania nazi «la filial del infierno en la tierra». Es fácil decir que todo aquello no fue más que la fantasmagoría de una mente enferma y depravada. Mirado en la perspectiva de la historia parece, sin embargo, que el Führer tenía algo de precursor. Fue él quien inició los experimentos eugenésicos aunque, claro, sin contar con la complicidad de los modernos laboratorios en los que la vida, por ser sorprendida en embriones y no en niños ya nacidos, parece de menor valor. Y a él se debe el asesinato de los ancianos inútiles, los enanos, los deformes, considerados indignos de pertenecer a la raza aria por ser lisiados, paralíticos o retrasados. Algunas leyes actuales, ocultas entre los doseles de declaraciones filantrópicas, no son menos lesivas para los inocentes. Porque, seamos serios, no podemos reducir la injusticia a una cuestión de estética.
En un ensayo más o menos reciente, Sofsky, intenta indagar por los orígenes de esa violencia irracional de la que muchos fueron cómplices o espectadores impasibles. Su respuesta no convence porque, aunque analiza bien los mecanismos de su desarrollo, no es capaz de entrar en el meollo del asunto. Se le escapa la causa. El mal tiene raíces muy profundas y sólo el Hijo ha descendido a los infiernos. Hace más de sesenta años el mal tuvo un exabrupto y se desbordó porque nadie calculó la fuerza de su onda expansiva. Los hay que aprenden de los errores y para algunos no deja de ser un signo de progreso que sean los mismos ancianitos abandonados, o los tetrapléjicos sin esperanza, los que pidan que se acabe con su vida. Para muchos el Holocausto es una ciénaga profunda a la que nunca se podrá encontrar explicación. Yo, sé, sin embargo que en el cielo hay muchos judíos, gitanos y personas de toda clase a los que la ideología infame consideró indignos.
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